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Con un pan debajo del brazoMacroeconomía novelada

En la seguridad ante todo no hay fortaleza.

Si en Google se introduce “La seguridad ante todo”, se obtienen casi tres millones de registros relacionados con infinidad de sectores y productos: construcción, ocio, automóviles, alimentación… ¿Se trata de un eslogan que sería conveniente hacer extensible a toda la sociedad y a todos los países? ¿Es la seguridad un valor de primer rango al que jamás se debe renunciar? Veamos algún caso histórico relacionado con la seguridad en la economía.

Extracto adaptado de “Con un pan debajo del brazo”  – Macroeconomía novelada (A la venta en este blog)

Antes de la Primera Guerra Mundial ya existía una gran dependencia económica internacional. Al tratarse de una economía abierta cada país era dependiente de terceros y existía una gran sensación de inseguridad. Los países industriales necesitaban de otros pueblos para abastecerse de alimentos y materias primas y colocar sus exportaciones. Cada país tenía que cuidar de sí mismo, buscaba su imperio y firmaba alianzas vinculantes para guardarse las espaldas. En definitiva era un mundo global, pero sin autoridad ni ley. Entre otros muchos aspectos, también la obsesión por la seguridad contribuyó a la creación de los sistemas de alianzas contrapuestas que desembocaron en la Primera Guerra Mundial.

Otro ejemplo de lo mismo volvió a producirse pocos años después. A pesar del convulso periodo de entreguerras, existió un momento de entendimiento entre antiguos enemigos. La distensión entre Francia y Alemania se inició con algunos cambios en el Gobierno alemán, una vez se consiguió controlar la hiperinflación provocada por el pago de las indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial y cuando se normalizó la situación en Renania y la cuenca del Ruhr. La conferencia internacional de Locarno fue el comienzo de un corto periodo de entendimiento y concordia. Sin embargo, llegó la Gran Depresión que cayó como una bomba, sobre todo en países como Alemania que no había podido recuperarse de la Primera Guerra Mundial. Cada país perseguía la seguridad por encima de todo. Las economías se cerraron. Cada cual buscaba controlar, dirigir, planificar para limitar los efectos de la crisis de otros países. Se dio paso al proteccionismo exacerbado, al egoísmo nacional y a la política de sálvese quien pueda. Alemania con una gran necesidad de financiación exterior fue uno de los peor parados. Los intentos de avenencia entre antiguos enemigos saltaron por los aires porque falto la fortaleza suficiente para mantener los principios de solidaridad en un entorno adverso. Las consecuencias fueron vitales para la gestación de la Segunda Guerra Mundial.

Y es que la fortaleza tiene mucho que ver con lo que estamos hablando. La renuncia a la propia seguridad, la superación del instinto de supervivencia cuando se trata de luchar por un bien superior o la valentía de afrontar retos difíciles sin existir certeza del éxito son caras de esta virtud. Del lado opuesto quedaría la obsesión por despejar cualquier duda sobre la propia seguridad. Esta actitud sería perniciosa para la estabilidad mundial cuando se vive en una realidad global, muy interconectada (Ver ”Ser de pueblo o con mentalidad global, esa es la cuestión.”) o en el caso de la gestión de unos recursos naturales limitados (Ver “Da miedo un futuro basado sólo en el I+D+I.” ).

La resistencia a las adversidades, sin ceder a la tentación de romper las reglas de juego, es algo que será siempre necesario. El futuro de Grecia en la Unión Europea y la de otros países también depende, entre otros aspectos, de esta virtud.

En el futuro será necesario el afán de superación, la constancia, el tesón, la disciplina, la paciencia; actitudes muy unidas a la fortaleza. Lo han sido durante la crisis del euro a la hora de encontrar soluciones aceptables para múltiples países con intereses muy distintos y circunstancias políticas, económicas y culturales muy diferentes. En el escenario de un futuro limitado por los recursos naturales también lo sería (Ver “Da miedo un futuro basado sólo en el I+D+I.” ). Pero en cualquier caso, seguro que serán necesarias estas habilidades en la tarea de encontrar puntos en común en un mundo globalizado.

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Libro Con un pan debajo del brazo