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Las autoridades económicas ayudan o estorban a la economía
Con un pan debajo del brazoDeuda PúblicaMacroeconomía noveladaPolitica fiscalPolíticas activas o pasivasReglas fijas o discrecionales

¿Las autoridades económicas ayudan o estorban a la economía?

Casi todos sabemos que en economía es difícil hacer predicciones a más de seis meses. Los analistas no es raro que se equivoquen y tengan que cambiar sus estimaciones para el año siguiente de variables tan esenciales como el PIB, tipos de interés, tipos de cambio, etc… Si esto es así, ¿tiene sentido abogar por políticas económicas activas? A pesar de nuestro desconocimiento de cómo será nuestro futuro inmediato, ¿es posible todavía sostener la conveniencia de la intervención activa de las autoridades en la economía?

En el caso de que la respuesta sea afirmativa se plantea otra también importante: ¿las políticas económicas tienen que fijarse con reglas fijas o discrecionales? O dicho con un ejemplo, para que se entienda, ¿los tipos de interés deberían ser determinados de forma matemática por otras variables como el paro?, ¿o cada situación concreta requiere su actuación particular?

Estas preguntas son básicas pero fundamentales, y constituyen los cimientos de toda teoría económica. Su respuesta en un sentido u otro cambia completamente el papel que deben tomar los bancos centrales y demás autoridades económicas.

Vamos a intentar explicar todo esto en dos post. En el primero nos fijaremos más específicamente en lo que se refiere a políticas fiscales y dejamos para el segundo el tema monetario. Lo voy hacer como otras veces con la ayuda de un extracto de mi novela de divulgación de macroeconomía:

Con un pan debajo del brazo – Macroeconomía novelada (A la venta en este blog)

¿Políticas activas o pasivas? ¿Reglas fijas o discrecionales?

—¿Pero entonces es bueno que el Gobierno y los bancos centrales actúen, sí o no?

—Pues resulta difícil responder a esa pregunta. Para ver si es más ventajosa una política activa o pasiva, sería conveniente comparar la volatilidad de los principales indicadores en cada una de las situaciones. La verdad es que no hay conclusiones claras. Teniendo en cuenta métodos de medida homogéneos, el PIB y el paro tendrían volatilidades similares en épocas de políticas activas y pasivas.

»Además, existe otro dilema consistente en determinar si es conveniente actuar con reglas fijas o de forma discrecional».

—Las reglas fijas supongo que harán depender menos la política económica, de intereses electorales o de grupos de presión que no miran por el interés general.

—Eso creo yo. En 2013, tanto España como Italia hubieran necesitado reducir sus tipos de interés, lo cual solo habría sido posible a través de la intervención del Banco Central Europeo. Sin embargo, Alemania tenía que afrontar unas elecciones parlamentarias en el mes de septiembre con un electorado muy reacio a las ayudas a los países periféricos. El resultado fue la permanencia de ambos países con unos tipos de interés más de un 3 % superiores a los de Alemania, lo cual hizo la recuperación mucho más lenta.

—Y además, evita la tentación de echarse atrás cuando se trata de aplicar una medida costosa como reducir la inflación, una reforma laboral, etcétera.

—También para eso hay ejemplos relativamente recientes sobre la inconsistencia de decisiones políticas. Durante la década de los noventa y de los 2000 la regulación de las energías renovables fue muy favorable para los inversores. Este tipo de generación eléctrica recibía precios subvencionados que les permitían alcanzar rentabilidades superiores al 20 % sobre lo invertido. En menos de veinte años España se había convertido en el país con mayor capacidad eólica instalada del mundo. Con ocasión de la crisis de 2008, el coste de estas energías se hizo muy difícil de sobrellevar. Por un lado, dañaba la competitividad del país, y por otro, también al sistema eléctrico, que no podía soportar este coste sin repercutirlo al cliente final. El resultado fue un cambio en la regulación limitando la remuneración del sector. Las inversiones cayeron de forma abrupta, lo cual ayudó entre otras cosas al desplome en Bolsa de la acción de Gamesa en más de un 90 % en cuatro años.

—¿Pero las reglas fijas no tienen el riesgo de llegar a ser inconvenientes en determinados momentos? —preguntó José tomando con el tenedor un poco de ensalada.

—Te voy a recordar un ejemplo de reglas fijas en política fiscal que seguramente te suene. Se trata de la ley Gramm-Rudman de 1985. Con esta normativa Estados Unidos se obligaba a sí mismo a reducir la deuda todos los años una determinada cantidad hasta alcanzar el equilibrio presupuestario en 1991. En 2011, cuando el déficit fiscal del país se situaba en 1,3 billones de dólares (9 % del PIB) se resucitó el espíritu de la ley Gramm-Rudman. La ocasión llegó a raíz de la negociación para la ampliación del techo de la deuda. El presidente y el Congreso acordaron un mecanismo automático por el cual si la deuda del país superaba los umbrales previamente aprobados se desencadenaría automáticamente un recorte de gasto público indiscriminado. El objetivo era recortarlo en 1,2 billones de dólares en 10 años.

—Muy duro.

—Sí, por extraño que parezca. Esta medida solo podía evitarse si el Congreso adoptaba medidas de recorte de gasto e incremento de impuestos en los mismos niveles y plazos. La falta de acuerdo podría afectar incluso al presupuesto de defensa. Era algo parecido a una pistola en la cabeza que se ponían los dos partidos y que los forzaba a alcanzar con éxito la negociación. Con ocasión del incremento del techo de la deuda, en 2011, se fijó también el plazo para firmar el plan alternativo, que fue enero de 2013. El riesgo de fracaso, a final de 2012, se concretaba en la finalización de ayudas fiscales por 600 000 millones de dólares, que podría provocar una contracción del PIB del 4,5 % y devolver al país a una recesión de una dimensión similar a la de 2008. Como te puedes imaginar se llegó a un acuerdo.

—Entonces las reglas fiscales no pueden ser rígidas. Si lo fueran los efectos de una contracción fiscal en momentos recesivos podría tener consecuencias muy desfavorables.

—Por eso, recientemente, en Estados Unidos estas normas han dado espacio para que el objetivo a largo plazo pueda adaptarse tras un proceso de negociación. El fin es concretarlas en medidas a corto de acuerdo con la situación económica.

Agradezco tu comentario

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