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Con un pan debajo del brazoMacroeconomía novelada

Tenemos que saber dominarnos si queremos estabilidad económica.

Extracto adaptado de “Con un pan debajo del brazo” – Macroeconomía novelada (A la venta en este blog)

La templanza es otro de los valores esenciales para el futuro del mundo. Sera necesaria para facilitar un rechazo a la maximización del consumo y del crecimiento económico como bienes supremos de la sociedad y de las personas. Esta virtud se ve como fundamental para alcanzar la cohesión internacional. Lo hace evidente la necesidad de que determinados países sacrifiquen el consumo para estabilizar magnitudes macroeconómicas que contribuyan en su propio beneficio y en el de la estabilidad de la economía internacional. Actualmente la reducción de la deuda pública y privada a niveles menos arriesgados es un ejemplo de lo anterior. También, en muchos países, se tendrá que consumir menos cuando tenga que elevarse la carga impositiva para lograr una integración fiscal. Además, la templanza podría contribuir de forma fundamental a una gestión conciliadora de los limitados recursos naturales (ver “Da miedo un futuro basado sólo en el I+D+I”).

El progreso no es sinónimo de mejora inmediata del bienestar material. En las dos revoluciones más importantes que se han producido en la historia de la humanidad no fue así. La primera fue el paso de la sociedad tribal a las civilizaciones, que transformó de raíz las formas políticas, sociales y económicas de la época. Este cambio pudo producirse cuando el hombre comenzó a practicar la agricultura. A partir de ese momento, dejo atrás la caza y la recolección, que le proporcionaban una dieta más equilibrada, tan segura o más que la agricultura y que requería menor trabajo. Sin embargo, la agricultura tenía una ventaja: la productividad por unidad de superficie era mayor. De esta manera pudo atenderse al incremento de la población, se generaron excedentes y se dio paso al nacimiento de las civilizaciones. La otra gran revolución, la industrial, tampoco trajo consigo en muchos casos mejoras inmediatas en la calidad de vida de las personas que emigraron a las ciudades. Allí encontraron, en la mayoría de los casos, viviendas peores que la de sus paisanos en el campo, con inferiores condiciones de salubridad e higiene y con horarios de trabajo más duros. La mejora en la calidad de vida llegaría después.

Otra faceta de la templanza, fundamental para el futuro, será el control del instinto de preeminencia, de sobresalir, de autoafirmación. Solo de esta forma podrá mantenerse el orden internacional en un mundo que tiende a la multipolaridad (ver Da miedo un futuro basado sólo en el I+D+I), donde los intereses de diferentes países deben ser coordinados. Si se repasan los principales acontecimientos históricos del siglo xx es fácil percibir defectos en esta virtud.

Es el caso, por ejemplo, de las actitudes que adoptaron Alemania, Austria, Inglaterra, Francia o Rusia en las circunstancias anteriores a la Primera Guerra Mundial. En el momento de la firma de la paz de París volvieron a aparecer los mismos defectos, al igual que en los acontecimientos que precedieron a la Segunda Guerra Mundial.

Prudencia, justicia, fortaleza y templanza no son virtudes que tengan que encarnar únicamente los gobernantes. Alemania vive en democracia y poco podrá hacer Angela Merkel si los alemanes ven a los griegos, portugueses o irlandeses como extraños. Pero tampoco podrá hacer nada la presidenta alemana si los griegos no admiten una autoridad supranacional. No se trata de que aparezcan buenos gobernantes. Hace falta las personas que componen la sociedad encarnen estas virtudes.

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