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Con un pan debajo del brazoIntegracion globalMacroeconomíaMacroeconomía noveladaUn futuro por construir

El “America first” tiene muy malos antecedentes.

A mi Trump también me da mucho miedo. Sus mensajes durante la campaña electoral y una buena parte de los objetivos que parece proponerse para su mandato como presidente de EE.UU son, en muchos casos, muy preocupantes. Pero hoy voy a fijarme sólo en un aspecto muy concreto. Me refiero al América primero o a otro eslogan muy similar: no quiero ser el presidente del mundo, quiero ser el presidente de América.

Lo cierto es que el aislacionismo ha tenido a lo largo de la historia resultados nefastos, al igual que el rechazo de la vocación de liderazgo cuando la realidad exige a un determinado país asumir ese papel. Por el contrario, la colaboración internacional desarrollada a partir de 1945, la integración económica y el comercio internacional han ayudado al entendimiento entre países, a la paz y a la tranquilidad.

Hay otras medidas de Trump que ahora sólo quiero nombrar, como son las que se refieren al proteccionismo y los aranceles, que van en el sentido opuesto y pueden destruir lo conseguido tras la Segunda Guerra Mundial. Y es que en muchos países desarrollados demasiadas veces damos la paz por supuesta. La realidad es que a pesar de ser un bien totalmente vital fue a la vez tan poco común y añorado durante infinidad de momentos a lo largo de la historia moderna y contemporánea.

Para explicar un poco mejor todo esto voy a ayudarme de un extracto de mi novela de divulgación de macroeconomía:

Con un pan debajo del brazo – Macroeconomía novelada (A la venta en este blog)

—La cooperación internacional es fundamental para coordinar las políticas económicas internacionales y evitar los juegos de suma cero. Esto fue lo que falló en el periodo entre las dos guerras mundiales. En los años veinte y treinta el mundo se quedó sin un país que lo liderara. El Reino Unido ya no tenía la importancia industrial y financiara necesaria y Estados Unidos decidió centrarse en el interior de sus fronteras y olvidarse del exterior. En momentos de crisis el papel del líder es todavía más importante.

—¿Y qué papel jugó Estados Unidos en aquel periodo?

—Para empezar rechazó su vocación de líder. Además, fue el primero que inició el proteccionismo elevando los aranceles tras la aprobación del Arancel Hawley Smoot, a lo cual el resto de países respondieron con medidas similares. Pronto la confrontación entre países sustituyó a la colaboración. Se agudizaron la carrera proteccionista, las barreras cuantitativas, las prohibiciones de importaciones, las devaluaciones competitivas, los controles de inmigración y, en definitiva, la lucha por ganar, o al menos no perder, a fuerza de empobrecer al país vecino. El resultado fue la desintegración de la economía internacional, además de preparar el camino hacia la Segunda Guerra Mundial.

—Pero tras 1945 la situación cambió mucho —añadió José, que no mostraba ganas de irse de aquel lugar que tanto le gustaba.

—Después de la Segunda Guerra Mundial el panorama fue completamente distinto. Se produjo un trato benévolo hacia los vencidos. Estados Unidos colaboró en las labores de reconstrucción y en el establecimiento de un marco que asegurase la paz duradera. Durante la guerra tuvieron lugar los acuerdos de Bretton Woods, en los que se establecieron las normas de juego de la economía internacional. Se creó el GATT que ayudó a la expansión del comercio internacional, el Banco Mundial fundamental para la reconstrucción de Europa y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ayudó a asegurar el sistema monetario internacional. Más tarde, en 1945, en la Conferencia de San Francisco, se crearon las Naciones Unidas.

—En la crisis de 2008 la colaboración internacional fue buena.

—Sí. En 2009, afortunadamente, la lección ya estaba aprendida, y gracias a las reuniones de los principales países en el recién creado G20 el proteccionismo y la desintegración comercial pudieron evitarse. Si en la depresión del 29 la caída del PIB de Estados Unidos fue del 25 %, en 2009 se quedó en un 3 %, con un comportamiento de las exportaciones mundiales mucho más favorable, marcadas por una caída del 12 % en 2009, pero plenamente recuperadas ya en 2010.

—Entonces parece que las cosas no van tan mal.

—A pesar de sus deficiencias, durante los siglos xx y xxi la colaboración internacional a través de múltiples organismos fue fundamental para la gestión de crisis económicas, para la integración comercial y para la mediación en conflictos políticos. Las instituciones que colaboraron en esta tarea fueron, entre otras, las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el G7, el G20, la Unión Europea…

—Pero sigue habiendo amenazas, conflictos y guerras.

—Sí, este colaboracionismo en 2013 no estaba exento de amenazas. Continúan existiendo incertidumbres como las guerras locales en Ucrania, Oriente Medio y África; la proliferación del armamento nuclear en países como Corea del Norte; propagación del terrorismo internacional; o ausencia de cooperación de cara al problema del cambio climático. Unido a esto persisten problemas económicos provenientes de países en situación de pobreza extrema y grandes desigualdades de renta entre la población, que contribuyen a la proliferación de revueltas populares cada vez más frecuentes. Además, en ocasiones también existe una predisposición al proteccionismo tendente a favorecer la producción y empleo nacional frente a la producción extranjera y la inmigración.

—Pero no ha habido grandes conflictos entre países de primera línea.

—No diría yo tanto. Estados Unidos ha culpado a China de perjudicar su producción y empleo mediante una política de tipos de cambio artificialmente bajos que favorecen las exportaciones chinas. Pero este foco de tensión no es el único entre los dos países. A la competencia por el control de los recursos naturales se une la confrontación en las conferencias sobre cambio climático, y en la ONU y en el conflicto entre China y Japón.

A todo lo anterior hay que añadir una situación, tras el Brexit, mucho más abierta a riesgos de nacionalismos-populismos que pueden poner en peligro la integración europea que tantos beneficios ha dado en los últimos 60 años.

 

Este artículo tiene 3 comentarios

  1. Luis

    Excelente artículo, una pena que hayas tenido ser tu quien lo ha publicado.

    • Guzmán Soldevilla

      Luis (mi hijo), el próximo lo escribes tu, pero advierto que exige un poco de tiempo y esfuerzo.

  2. Miguel Zabarain

    Hola Guzman.
    No soy experto en el tema – lo mio es el trading electrónico de mercados financieros -, pero creo que medidas proteccionistas extremas terminan por debilitar al sector productivo. Hay que dejar que el mercado haga lo suyo!

    Por otro lado, creo que Thrump exageró con fines procelitistas y electorales. Sabemos que mas que un mago de las finanzas, es un genio mediático. Por esta razón confio que no vaya a ser tan radical como pretendió en campaña electoral a la presidencia.

    Felicitaciones por mantener vivo este blog. Por experiencia propia se lo difícil que es hacerlo.

Agradezco tu comentario

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